Julio Hontana

Generando vista previa… Una aproximación a la creación pictórica en La Rioja

……Julio Sarramián (Logroño 1981). Una naturaleza en letargo por la que sopla el viento de Pedro Salinas: «No es ya viento, es el retrato / de un viento que se murió / sin que yo le conociera, / y está enterrado en el ancho/ cementerio de los aires / viejos, de los aires muertos». Una naturaleza de la que el pintor nos sugiere que somos sus últimos testigos sin contarle a él, mostrándonos desnuda la tramoya de la vida. Contemplamos con su ayuda la inmensidad de la tierra como si de Vladimires y Estragones se tratara, salvo por estar acompañados literariamente por un valiente árbol que crece sin consultarle a nadie la conveniencia de nacer solo, desafiando el peso de la desesperación que para los humanos es tan familiar. Claro que Sarramián sabe que ese árbol no estuvo siempre allí porque se lo ha susurrado Juan Rulfo:

Después de tantas horas de caminar sin encontrar ni una sombra de árbol, ni una semilla de árbol, ni una raíz de nada, se oye el ladrar de los perros.
Uno ha creído a veces, en medio de este camino sin orillas, que nada habría después; que no se podría encontrar nada al otro lado, al final de esta llanura rajada de grietas y de arroyos secos. Pero sí, hay algo. Hay un pueblo. Se oye que ladran los perros y se siente en el aire el olor del humo, y se saborea ese olor de la gente como si fuera una esperanza.
Pero el pueblo está todavía muy allá. Es el viento quien lo acerca.

Rulfo encontraría en los páramos del pintor las razones para resucitar fantasmas y enterrar recuerdos. En todos los paisajes que observamos existe una geografía en retirada y otra que se presume en floración, y para algunos pintores que las deconstruyen y clasifican también existe una naturaleza imponente de la pintura a la que persiguen sin desmayo por mucho que la naturaleza se zafe y les ofrezca siempre su cara más pintoresca. Háganme el favor de revisar solo por encima sus bibliotecas personales e intenten recordar la atmósfera de esas novelas o relatos, cuentos y poesías de las que han barrido argumentos y personajes, pero de las que pintaron un cuadro detallista del paisaje que los arropaba.

Esas vivaces sensaciones que los escritores usan de burbuja para los acontecimientos del relato se ha convertido de golpe, al menos para mí, en un dibujo tan preciso como improbable donde se mezclan a capricho latitudes y longitudes cruzadas como las estelas de los aviones en el cielo. Yo mismo ordené los libros de mis estanterías por paisajes desoyendo las recomendaciones que los verdaderos bibliófilos y escritores me hacían para que forzara a mi biblioteca a parecerse a todas, y tener «un verdadero orden» —me decían con severidad—.

Así, un rincón de la librería que caía cerca de la cocina se iluminaba con el fuego de la lumbre pero sin llegar a calentar lo suficiente como para aplacar el aullar de los lobos en la nieve y esos mundos de falsos soles refractarios a los ambientes domésticos. Dejo que ustedes supongan el resto y decidan qué paisajes ocupan los trópicos de mi librería, y cuáles las tierras medias, que se visitan con precauciones y siempre acompañados.

Evidentemente este caminar por la pintura de Sarramián no tiene un pasear amable pues bien podemos pensar que la pintura que contemplamos fuesen los paisajes que vigila instalado en la fortaleza en medio de la nada el Oficial Drogo de Dino Buzzati en su Desierto de los Tártaros, o cualquier otra mirada que nos exponga ante el vacío.

Pero conociendo a Julio, sabiendo de su ánimo pictórico y su incansable necesidad de viajar, me atrevo a decir que sus cuadros encierran una esperanza de transformación que conjura a base de completar a la naturaleza. Me refiero a que el pintor no vigila la naturaleza y notifica ante notario sus cambios. Sarramián traduce a paisaje lo que los demás fracturamos en infinitos datos y olvidamos para sustituirlos por otros, por los actuales, por los del hoy y el ahora. Julio no tiene necesidad de un ahora porque para él todo paisaje es un siempre y nunca solo un paisaje. Mírense en ellos, qué grandes espejos, y respiren su aire… si pueden. Y también, si pueden, digan frases como ¡Me gusta!, ¡qué bonito! y escuchen el eco ¡me gusta, me gusta…!, ¡qué bonito, qué bonito…! y acepten lo poco que le importa al cuadro sus palabras —no digo al pintor—. Y el modo en que el paisaje se reafirma henchido de carácter sabiendo que su único garante es la propia naturaleza, a quien completa, a quien sustituye, a la que sobrevive. Mesetas castellanas, montañas granadinas, llanuras argentinas, calimas chinas, y la inquietud de sabernos rodeados de piedras o terruños en descomposición, suelos polvorientos, sedimentos minerales, es decir, paisaje suma de muertes donde acabarán depositadas nuestras energías como terrenos de aluvión… Miren ahora fijamente el retrato de la humanidad y paseen sin darse la mano, si pueden evitarlo. Si alguno de ustedes quiere persuadir al joven artista de que deponga esta actitud pictórica para elegir a cambio un paisaje adocenado, fecundo en detalles florales y bellas ninfas revoloteando el aire en forma de hojarasca con pajarillos en ramas posados sin halcones sobre sus cabezas y los hombres en admirable reunión de confraternización, ya se imaginan, esa pose que excreta hipócritamente la amistad y además hace sociedad, sin excepción del daño, les ruego que abandonen su intención para preservar la integridad de un pintor. Desde joven pensé que el pintor se citaba con la naturaleza para localizar el cuadro y rescatarlo así del movimiento perpetuo de las cosas. Y así pienso que lo sigue haciendo Julio Sarramián.

Para algunos pintores los paisajes son secundarios, tapices y poco más, que ejercen sobre los personajes la misma atracción que la tierra sobre nuestros cuerpos. Lugares donde se citan las historias para ejercitar la vida hombres y mujeres junto al producto de su inteligencia.

Falsos refugios —el amor, la familia, la sociedad, etc.—, que nos protegen para que soñemos sin precipitación que nuestra durabilidad está a salvo de cualquier inclemencia.

 

Julio Hontana

Texto incluido en el catálogo Generando vista previa… Una aproximación a la creación pictórica en La Rioja. Sala Amós Salvador, Logroño (2010).